Hola mi amor, ¿Cómo estás?
Hoy he sentido el impulso de escribir y contarte en que punto estoy en mi proceso. Muchas cosas se están moviendo en estos días entre eclipses (me encanta la astrología, pero no es el tema). y hay cosas cambiando a nivel interno y a nivel externo también.
La semana pasada terminé el proceso de coaching con Lucía. Han pasado varios meses desde que comenzó, y entre medias hemos abordado muchos temas, diferentes, e interconectados entre sí.
Al final, durante la última sesión, comprendí que llevo mucho tiempo luchando para merecer, tratando de ganarme todo lo que recibo.
La ayuda, el amor, los regalos, incluso los cumplidos que llegan sin esperarlo.
He pasado los últimos años de colapso en colapso, sin apenas parar, y llenándome de culpa cada vez que lo hacía.
Y hace unas semanas, todo ese juicio y esa culpa se mostró a través de una amiga.
Estoy cansada. Física y emocionalmente. Cansada de luchar hasta colapsar, parar porque no me queda otra, y volver a empezar.
Ya cuándo empezó el año decidí, de nuevo, romper con “los objetivos anuales”, y volver a CUIDAR mis prioridades. Eso es algo que me funcionó y me hizo sentir que avanzaba, aunque fuese despacio.
Y no es que no tenga ningún objetivo. No. Tengo uno. Y estoy enfocada en él. Y cuándo lo consiga, veré que viene después.
Para mí no tiene sentido eso de hacer grandes planes, la verdad. No es que no funcione, es que a mí no me funciona.
Es algo que descubrí en la época más hippie de mi vida (y esa Sara siempre vuelve a recordarmelo). No se trata de tener todo el plan, sino de saber cuál es el primer paso, y actuar, sabiendo a dónde vas. Y ya.
Pasé años viajando de un lugar a otro haciendo autoestop y viviendo toda clase de experiencias, y nunca me funcionó tener un plan. Vivía, escuchaba, decidía y seguía mi intuición. Sin más.
Pero desde que empecé en el camino del emprendimiento, siempre escuché lo mismo: plan, plan, plan. TIENES QUE TENER UN PLAN.
Tienes que. Bah.
No es cierto.
E insisto. que quizás a otro le funcione eso eh. Pero a mí no.
Así que he dejado de planificar tanto. He decidido volver a lo que me funciona: un paso a la vez. Y no en base a un plan, sino en base a mi intuición, en base a mi voz interior.
Quizás alguien experto en negocios me lea y piense que no se de que hablo… Y quizás esté en lo cierto. Pero estoy tan cansada de hacer las cosas cómo se supone que tengo que hacerlas según otros, que me da igual.
Voy a cuidarme. Voy a poner mi bienestar en el centro. Mi voz. Mi intuición. Y voy a permitirme descansar, no hacer, abrirme a la vida y a recibir sin culpa. Aunque sea incómodo. Aunque incomode a otros. Aunque me juzguen.
Porque yo también juzgué. Yo también fui dura con otros cuando recibían “sin habérselo ganado”. Los juzgaba tan duro cómo me juzgaba a mí.
Pero esos juicios pesan, duelen, y me impiden respirar.
Así que me permito ser diferente. Pensar diferente. Actuar diferente.
Soltar el plan.
Y vivir. Y jugar. Jugar con la vida a crear.
Es la una de la tarde. He tomado dos cafés y escrito en mi libreta. He ordenado el trastero (que no lo hacía por falta de tiempo), he ido a comprar, he hablado con Dios y con una amiga, he escrito este texto, y aun me queda tiempo para ver mi serie del momento mientras como, y dar un buen paseo con mi perra junto al mar.
Gracias vida por la ayuda que me permite descansar, por fin, y por los espejos que me han llevado a ver lo que necesitaba soltar y sanar.
Gracias, gracias, gracias.
Y si has leído hasta aquí, gracias también a ti.
Ojalá tú también te permitas escucharte, parar y recibir sin culpa, sé que no siempre es fácil, sobre todo en un mundo que nos insta a ser siempre productivos y a pasarnos la vida en esa rueda del hamster que nunca para de girar.
Pd: Si quieres saber más sobre Lucía o iniciar un proceso de coaching con ella, te dejo aquí el enlace. 100% recomendada por mí.
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